por Ramón Pérez Cortés

Un análisis después de la situación del pacto por la paz ciudadana, que se firmó este pasado 15 de noviembre, y desde ya huelo dudas respecto a todo lo que en cuatro paredes se quiere dar por verdadero. Desde ya se trata nuevamente de un acuerdo trucho, que en nada conjuga el grueso de la petición de cambio que se ha dado en la calle hace ya un mes.

En nada expresan esas dos páginas, si es que no hay un Ribbentrop escondido aquí, lo que la calle ha exigido. Nuevamente se exponen, en un paternalismo sin precedentes, las reglas de un juego que ya no les pertenece. En nada quedan los muertos y heridos; en nada las pensiones miseria y la educación gratuita. ¿Desde cuándo se tiene que cambiar la constitución para apuntar culpables?

Cambio de paradigma – no reconocen los naufragios

De nuevo mezclan, los políticos de este Titanic, las cartas y se adjudican créditos que nadie les ha entregado. En ningún momento se reflexiona en carácter conmutativo, sino que se denomina el cómo y el cuándo sin consultar a nadie si es justamente ese es el camino a seguir. La paz expresada en el documento ya consiguió su primer muerto, el mismo día de su pacto, en la plaza de la Dignidad, acosado por gases lacrimógenos, cañoneadas de agua y represión. Se habló lindo en el documento de los derechos humanos. Pero en Chile parece ser que esos derechos son reservados para los pocos.

Oseas si no estás de acuerdo con el documento firmado, por los que se creen voceros de las protestas, habrá bala y represión. La Pax Romana como modelo a una sociedad que se dice ser moderna o tiene aspiraciones a serlo.

Desde ya deja mucho que pensar, que el sólo hecho de que políticos, sin representatividad democrática, se junten y sientan responsabilidad por lo que pasa en el país y se queden hasta media madrugada a redactar dos hojas de tecnocracia salvavidas a un sistema en llamas. No deja, de todas maneras, de ser un acto que también revela que sienten estar cediendo a una demanda que no del todo encuentran justa. Una enorme cantidad de críticos sociales están de todas maneras de acuerdo con que canjeen cosas y preserven el trueque como método de avance ante las demandas sociales. Pero no pueden estar más lejos de la realidad de cambio que se viene encima, no porque sea Chile el que la expresa sino porque el mundo moderno, el del pueblo joven que mira con otra vista a un futuro truncado por condiciones dadas en otras épocas, expone condiciones que atacan de lleno a la sostenibilidad que el neoliberalismo expone.

Ruptura con el neoliberalismo – una exigencia no de clases sino de existencia

La exigencia de la calle pareciera expresar la necesidad de una estructura o forma de gobierno que no existe y seguramente es prácticamente imposible realizar por lo aparatoso que resultaría tener que revisar todo, pero es de pensar que aun hoy después de treinta años existan generaciones en Chile que han crecido creyendo que son clase media porque han tenido acceso a un mejor poder de consumo. Ahora para que esa generación se dé cuenta que la competitividad es la que condiciona la existencia y que sólo los que logran amoldar mejor su propuesta son los que tienen acceso al sistema y esa misma generación ahora le den un voto de desapruebo al sistema, es algo que requiere un análisis mucho más profundo que este simple ensayo. Pero es lo que justamente está pasando, no sólo en Chile, sino que en todo el mundo democrático. Donde las grandes ideas han perdido su brillo y capacidad de congregar a las grandes masas. Las crisis de credibilidad y legitimidad son enormes y rompen en revueltas y desapruebo sin banderas definidas ni organizaciones con las cual entablar un diálogo (véase la charla que Manuel Castells dio en Chile y que refiere al caso).

El paternalismo político de chile – los pobres no dictan, acatan

El documento pactado refleja una constante, referente a quienes son los que toman las decisiones en un país. El problema central de este documento no es lo que está escrito sino la forma en que ve la luz del día. En un sistema donde los gobernantes han perdido la legitimidad gubernamental y donde la casta política no congrega a la gran mayoría de votantes. Chile se centra en las democracias de menor representatividad social puesto que se aferra a una creencia que la cantidad de votantes detrás de cada uno de ellos les entregó un mandato general que envuelve a todos.

Falta de representatividad – 27% impone su visión de mundo en Chile

Ni por nada el post análisis a la cantidad de votantes en las últimas elecciones fue motivo de reflexión. Cuando la democracia se basa en sólo el 49% de las personas con derecho a voto, se elige por lo tanto a un presidente sin representatividad social. Recordemos que esta democracia chilena está basada en sólo en el 27% de todas las personas con derecho a voto que eligen a un presidente que decidirá por el 73% de la población. En ningún momento los responsables se dieron la labor de analizar por qué el 51% no quiso participar de un sistema corrupto, legado de una dictadura. No fue suficientemente explícito el voto de repudio a un sistema autoritario, y que solamente los que viven de él se empeñan en llamar democracia. Son ellos, los que redactan un documento de paz (aun preservando la demanda de Piñera que Chile está en guerra pues de otra manera no se necesita la palabra paz), en apuras pues el tiempo les apremia. La calle se abalanza sobre ellos y el mandato se diluye poco a poco en protestas populares.

La sombra militar  – un estado en el estado

No lejos de todo lo que en Chile se dicte está excepto de la sombra militar, un estado en el estado, que, con mucho silencio, deja a la fantasía de cada ciudadano la correlación con la única experiencia reciente. El golpe militar del 73 deja un fantasma de horror y mucho dolor en la sociedad que le cuesta desligarse del todo. Desde ya los que tranzan hoy políticamente quizás lo hacen a sabiendas de que, de no lograrse una transición moderada, no será aceptada por una institución que vive su propia vida y se rige por sus propios estatutos. Y que en sí está resguardada por la constitución en cuestionamiento. Por más que busquemos en la historia de Chile no existe un referente donde las fuerzas armadas hayan actuado en pos de la vos del pueblo. No existe ningún referente que entregue una alentadora posibilidad de que la institución se mantenga al margen de las ambiciones del pueblo, que en si quiere destituirles del encubierto poder que ejercen en la sociedad y economía chilena. El patriotismo nacionalista de las Fuerzas Armadas pasa por un enorme interés económico que no dejará de ser el poder central de la organización.

Las contradicciones del documento – un problema mundial

El documento pactante no deja, por lo tanto, de ser una doble respuesta que tiene que canalizar dos aguas y desde ya una dicotomía llena de ambigüedades. Donde el pueblo exige lo imposible para los que crearon y ratificaron las reglas del juego que la dictadura de Pinochet dejó como herencia. Es de esperar, que la colectividad mundial se anteponga y presente voluntades que den legitimidad a las demandas sociales que la calle exige. Debe existir la exigencia de esclarecimiento en el aspecto derechos humanos, buscando la responsabilidad de un estado frente a sus ciudadanos. Y desde ya debe existir la posibilidad de bloqueo financiero como herramienta para las personas e instituciones que deben responden, y de no hacerlo corran el riesgo de ser expropiados.  Todo un arsenal de herramientas globales que se han aplicado con efectividad en el mundo.  Pero como estamos frente a un caso único en el mundo de neoliberalismo global, nos queda una pregunta mucho más grande que todos los anhelos sociales de un país al fin del mundo. El silencio del mundo capitalista es aún más atemorizador que todas las balas que la policía está dejando caer en el cuerpo de su propio pueblo. ¿Dejarán ellos que su estrella máxima en el cielo capitalista se estrelle?

Ramón Pérez Cortés: Master en antropología social y letras de la universidad de Estocolmo.

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