Bueno, estamos ya enfrente a la realidad de un documento con una propuesta que no incorpora la gran brecha popular y la lista de peticiones dictada por la calle. El poder ejecutivo junto a oposición ratifica su poder haciéndose dueños del proceso de cambio que la sociedad chilena a gritos en la calle exige. No sólo existe trampa en el documento, sino que responde al hábitus de los políticos chilenos.

Una exigencia que se trunca hoy cuando la derecha se asigna una fecha y un cambio que ni si quieras a primera vista esconde el sinfín de problemas que se avecinan, siendo los mismos de siempre los que formulan y reformulan sus ambiciones de seguir ceñidos al poder.  Un poder incrustado en miles de complejidades de interpretación a un texto de dos páginas repleto de confusas formulaciones.

A parte del problema que este documento crea con el sólo hecho de ver la luz del día, deja la actitud de “la oposición” que firma este documento. Desde ya una mesa de discusión es mucho más anhelada que una batalla en las calles de Santiago, donde es el pueblo al que se reprime por el aparto policial. Es mejor dialogar, pero en este y muchos de los otros casos en la historia moderna de esta izquierda chilena nos encontramos con una izquierda alabando el hecho de que exista una derecha que se ha visto forjada a dialogar. Una derecha que por fin da su brazo a torcer y busca en la sala cerrada un diálogo al cual sólo algunos están invitados. El PC chileno fue expuesto a un ultimátum cuando el texto ya estaba redactado, el cual desde ya el PC se negó firmar.

Esta oposición se alegra de ver como triunfo las firmas de la derecha que obligada se sienta a dialogar. Y aquí el tema central: en toda negociación se lleva a una mesa las preguntas en trance y de esa mesa se levantan los acuerdos comunes por los cuales se permitirá formular un tratado. Esto quiere decir lapso correspondiente y delegación preparada al caso.

En la izquierda u oposición chilena se conformaron o encontraron de mucho renombre que la derecha le permitiera sus firmas a un plebiscito como si justamente el cambio de la constitución chilena fuese el primer y único punto a tratar. Una negociación pone en tela de juicio todas las formas del plano y no sólo una pregunta.

No sé si es una parte del “ethos chilensis” el tranzar un acuerdo sin hacer la negociación correspondiente, eso quiere decir de llevar las preguntas a las bases y de abrir una mesa de negociación donde todas, todas las preguntas y peticiones sean expuestas. Esto hubiese sido el mejor y camino más democrático a seguir. Pero no, en Chile parece que no, bastó con ver a una derecha incrustada en la pared como para ser complacientes con el gobierno de Piñera y de esta forma tirarles un salvavidas, que de hecho no se han merecido con toda esa gente herida y muertas durante el pronunciamiento social.

No me quedo tranquilo pensando que en ninguna parte del mundo se hace un tratado sin fijar las reglas del mismo, canjeando en pro de conseguir verdaderas señales de cambio. No sé de qué forma piensa la izquierda moderada de Chile que, con la tinta aun fresca, sale al paso y ratifica el documento que le salva la vida a un gobierno paralizado por su falta de creatividad y conexión con la realidad del pueblo; un gobierno que en nada a respondido a su concomitancia democrática ni a sus deberes de salvaguardia a los derechos humanos.   

Queda de más al desvelo que la oposición chilena no ha sabido o no está preparada para el caso al que fueron expuestos.

Me preguntó un amigo: ¿y cuáles son tus soluciones?  

Y desde ya es no entrar a una negociación de tanta importancia con la propuesta de salir de ella con un papel en la mano, no puede ser una postura más infantil o de adjudicarse actos heroicos que en la vida real no existen. Desde ya un tratado de tan envergadura no puede salir adelante con la creencia de que los pares están en desigualdad de trato. No se están tratando partes desiguales y que una está cediendo ante la otra, es un “acuerdo” de proceso el que se quería formular. Pero aquí mi apunte a una parte negociante que pareciera haber entrado a esa mesa con la gorra en la mano y limpiándose las manos en los pantalones para saludar a los señores del poder. Es este el verdadero centro del problema. La imagen que se le adjudica a la derecha no tiene nada que ver con las realidades del caso. Por lo que queda de pensar es de que en Chile es el hábito el que traza la cancha y en ese hábito social la izquierda siempre es pobretona y falta de retórica contundente como para medirse frente a una derecha que por legado ha dictado las reglas del juego y desde ya qué juego está dispuesta a practicar.

Debo recalcar que somos muchos los que hemos aprendido otras formas de negociaciones en los países en que nos hemos criado. Donde no es un acto de desesperación el entrar a la mesa de negociaciones sino un acto de expectación. No hay un ganador sino dos cuando esos tratados se llevan adelante. En ninguno de los casos se obligan las partes a situaciones que no dejen el tiempo requerido y acordado para valorar los puntos a tratar. Todo lo contrario con este “ethos chilsensis” que parece actuar bajo la guillotina. Actitud que justamente revela la forma en que se trata y el valor de legitimidad que esos tratados alcanza cuando el pueblo no se ve reflejado ni si quieras en la letra grande.  Papeles acordados con letras que nadie entiende y en los cuales por lo tanto nadie se refleja.

Este acuerdo por la paz y la nueva constitución en Chile, tiene buenas ideas pero es sólo un bosquejo donde debiera haberse quedado y la luz del día la debiese haber visto un acuerdo donde la gran mayoría de ciudadanos se hubiesen estado representados. Y en el cual el “gran” punto final hubiese sido tratar una nueva constitución en base a procesos de consultas populares y a asambleas. De nada escucharon la propuesta de los alcaldes, quienes tenían una propuesta mucho más flexible y en acuerdo con la vos de la calle.

Si alguno de los políticos no se ha dado cuenta, el pueblo sabe leer y escribir. No son analfabetos, incluso algunos son expertos en negociaciones y péritos en las materias. Ninguno de ellos ni los que están dando la batalla en primera linea se irán a sus casas creyendo que han conseguido algo. Porque en realidad no han conseguido nada, sólo una madeja de convenciones que nadie cree. Recuerden que los peses habren la boca también cuando mueren. Los políticos chilenos deberían ir al puerto a comprobar este dicho y analizar cual es su moraleja, mientras cientos y cientos de personas sigan luchando en las calles de un país donde termina el mundo. Quízas digamos al fin, donde comienza el nuevo mundo!

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